Encantada de conocerte, Paula

Llevas ya en este mundo casi tres semanas, y tenía la intención de escribirte esto desde hacía tiempo, pero solo ahora tengo el tiempo suficiente para escribir esto exclusivamente para ti. Llegaste aquí antes de lo esperado, casi acompañada de una nevada que también cayó por sorpresa en Madrid. 

Te cogí cuando apenas tenías un día, y parecías de lo más frágil y delicada, aunque habías llegado con más de tres kilos de felicidad. Felicidad para todos: para tus padres, tus abuelos, y todos los que ya te conocemos. Y claro está, para todos tus padrinos, entre los que estoy yo.

Todos los días que estuviste en el hospital, te fui a ver. A tu mamá también, claro, pero sobre todo a ti. Y ahora que estás en casa, si pudiera, estaría acompañándote todo lo que pudiera. Porque hay que reconocerlo: cada día estás más grande, más guapa y más expresiva.

Paula, llegas a un mundo un poco extraño, frío, y en un momento muy tenso. Pero eso te importa más bien poco, y es como debe ser. Desde el primer día te dedicaste, aunque la gente no se lo crea, a gastarnos bromas y a tomarnos el pelo. Y a sonreír. Y eso es lo que a todos, absolutamente a todos, nos enternece, y hace que se nos caiga la baba contigo.

Por eso, y aunque me quedo corta de palabras, solo puedo decirte: “Encantada de conocerte, Paula”.

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