Hablar no cuece el arroz (así que ponte las pilas YA)

Los proverbios son un reflejo de cómo se ha vivido anteriormente. Lo mismo pasa con los refranes, que dan cuenta de una situación concreta, y su posible solución. Y gracias a ello, nos damos cuenta de cómo hemos evolucionado a lo largo de la historia, o no. El otro día estaba mirando algunos proverbios asiáticos, y me topé con un supuesto proverbio chino que nos podía servir para este blog: “Hablar no cuece el arroz”. He dicho supuesto, porque he intentado buscar el origen, y no he encontrado nada. Aún así, eso no le quita utilidad a la oración a la hora de reflexionar sobre este tema.

Hablar no cuece el arroz

Sí, el proverbio es muy sencillo y muy claro: “Hablar no cuece el arroz”. Podría haber alguno similar en nuestro idioma, como “Mucho ruido y pocas nueces”. Aunque el significado puede que no sea exactamente el mismo, se aproxima. Se refiere al hecho de que por mucho que hablemos, y en nuestro caso: por mucho que planeemos, si no actuamos, no estaremos haciendo nada.

Es habitual que en proverbios asiáticos utilicen el arroz como algo clave, pues es el alimento básico de este continente. Saber cocinar arroz es lo más básico del mundo, y si te pierdes en esta tarea, poco tienes que hacer en países como China, Japón, Corea o Filipinas.

El tema que plantea este proverbio es muy útil para nosotros. Porque si has llegado a este blog, es porque te interesa la papelería y la planificación. Planificar es el primer paso para que algo te salga bien. Pero no es el único paso. Es tan importante para el resto, pero no el más importante. Es más, si planeas, pero nunca pasas a la acción, nunca llegarás a ninguna parte. Son contadas las ocasiones en las que las oportunidades llueven del cielo.

Es hora de ponerse las pilas

Puede que sea cuestión de personalidad: hay personas que son muy “echadas para delante”, como decimos en España. Son personas que se atreven con todo, no dudan en hacer algo nuevo y no les cuesta salir de la zona de confort. Otras, simplemente necesitan un empujón para avanzar. Como sabemos, los extremos son malos: ser impulsivo a la hora de actuar, sin haber pensado nada, no es bueno. Pero también justo lo contrario: pensar en el plan una y mil veces y no llegar a actuar.

Como siempre, lo ideal es el equilibrio y tener una dosis justa de planificación, y llevarlo a cabo en el mejor momento. ¿Cuándo es el mejor momento? De eso hablaremos en otro post. Pero en resumidas cuentas, no pienses demasiado en el momento, y sí en hacerlo.

Diciembre es un mes en el que te das cuenta que todos los propósitos que tenías del pasado Año Nuevo, siguen sobre el papel. Igual que no puedes estudiar absolutamente todo la noche anterior al examen, tampoco puedes cumplir todo lo que te propusiste en enero. Esta práctica tendrá como resultado algo mediocre e incluso pésimo.

Así como consejo, te digo que sí, es hora de ponerse las pilas. Pero no para cumplir ese propósito ya, sino para asentar el camino y recorrerlo en los próximos meses.

 

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